Maquetas de atracciones barco vikingo


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Una pasión que cada uno de ellos desarrolla en estilos bien distintos, el primero reproduciendo edificios, barcos y armas antiguas, y el segundo para dar vida a las atracciones clásicas de feria, con movimiento inclusive. «Las hago a escala, lo que permite ver los detalles y comparar sus dimensiones con otras», explica. El otro gran atractivo del lugar es que se trata de un paraje natural increíble, al borde de una inmensa grieta cuasada por la separación de las placas tectónicas euroasiática y norteamericana (estamos en plena Dorsal Mesoatlántica, la cordillera submarina que separa las placas y hace crecer al Atlántico unos centímetros cada año).

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El centro cultural La Almona acoge también en estos días una maqueta de este edificio, realizada por un grupo de jubilados que se decidió a hacerla, a raíz de su participación en uno de los talleres del Hogar del Pensionista, que tiene su sede, precisamente, en este palacio. A través de materiales reutilizados como cajas de frutas o motores de ventiladores, Díaz da forma a estos artilugios con movimiento, diseñados por él mismo, que van desde la habitual noria o el tiovivo hasta otros más sofisticados como la caída libre. Uno de ellos prosperó y se convirtió en Dublín, pero ¿qué fue del otro? Pues hasta hace poco sólo se sabía que fue abandonado y que se perdió la memoria de su ubicación. «Esto cuesta su trabajo y también su dinero, así que si se venden, mejor», reconoce este carpintero jubilado que ha vaciado las estanterías de su casa para llevar todo su arsenal a este centro de exposiciones durante este verano. Interés, desde luego, está despertando entre los visitantes, que se concentran en esta sala, especialmente los más pequeños, atraídos por el colorido de sus maquetas, a las que no les faltan movimientos ni sonidos. Allí nada ha cambiado: los acantilados, los extensos pastos verdes y los montes de cumbres nevadas quedan muy lejos de la vida moderna y por ello son el escenario ideal para el Museo Vikingo de Lofotr.

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Por las costas canadienses de Newfoundland, estuvieron los vikingos en el siglo XI y concretamente en L’Anse aux Meadows dejaron huellas de la primera presencia europea en suelo americano.Un drakkar (también långskip, en español: «barco largo») es una embarcación de casco trincado que data del período comprendido entre los años 700 y 1000. En las islas Lofoten (Noruega), algunos barcos de pesca aún siguen fabricándose siguiendo las mismas técnicas. El reducido peso del drakkar y su poco calado hacían posible que navegara por aguas de solo un metro de profundidad, lo que posibilitaba un rápido desembarco e incluso el transportar la embarcación por tierra. Además, te ofrecemos la oportunidad de montar el tuyo propio llevándote una de nuestras maquetas para construir tu embarcación vikinga. Es posible establecer una relación similar entre las galeras mediterráneas y los barcos mercantes, más redondeados. Eran naves con una excelente navegabilidad, pero, al ser esencialmente embarcaciones abiertas, no eran muy habitables. Un snekke típico podía tener unos 17 m de eslora, una manga de 2,5 m y un calado de solo 0,5 m.[33]? Otro barco mercante, el byrding, más pequeña que el karv, con entre 10 a 15 pares de remos, fue usado normalmente para el transporte local, pero también era capaz de realizar el viaje desde Noruega a Islandia.

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