Furgoneta volkswagen hippie maqueta


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Unos cafés y toda una mañana por delante para repasar su trayectoria y recordar una España que ya no existe y que hasta cuesta creer que lo hiciera. Dijimos toda la cuadrilla del barrio que esa iba ser nuestra camiseta, siempre buscas algo que represente al grupo, y nos la compramos todos. El capitán de cuadras se descojonaba, menos mal, si me toca uno chungo me podría haber dado de hostias ahí mismo.

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De hecho, yo estaba en un cuartel en Berga, en la provincia de Barcelona, pero cerca de los Pirineos, que ETA político-militar llegó a asaltarlo. Me pasó lo mismo con 28 horas de Montxo Armendariz, que puso «Esta es una noche de rock and roll», que sonaba en un bar cuando estaban buscando jaco. Salimos a la calle a ver qué pasaba y había una bronca por allí, otra por allá… A mí las peleas siempre me han dado dentera, como te he dicho, pero tenía que ir el primero para que dijeran «Hostia, el Drogas». Fuimos, entró, esperamos y al rato salió una enfermera diciendo que avisáramos a la familia porque se iba a quedar ingresado. Posiblemente éramos de los pocos que nos llevábamos bien con Eskorbuto, porque casi nadie podía verlos. Todo el proceso de la propia canción y el propio proceso en que va degenerando la lucha armada en España, en Euskadi, es el mismo.

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Enfrentarse a ciertas críticas no gusta, pero al final todo eso te va preparando para recibir las hostias enormes que me supuso Barricada. Es que esto era muy típico en la SGAE, hasta que no llegaron Víctor Manuel, Teddy Bautista y demás, Autores era una sociedad de gestión llevada por músicos de bandas militares. Ese ambiente de Madrid, por ejemplo, eso de: venga, a cerrar el bar y poner unas rayas de la hostia, kilométricas, yo no…. Todo esto me ha servido para ahora girar con la gente con la que estoy por salas de cultura y teatros y tengo pensado hacer una toma de lugares relacionados con la memoria, como los Pozos de Caudé, el campo de concentración de Castuera, el monumento de Santacruz de Moia en Cuenca a los guerrilleros. Pero ahí se quedó la historia, porque justo en esas fechas es cuando diagnosticaron alzhéimer a mi madre y ya pasé a vivir las veinticuatro horas con eso. De niños todos llevábamos navaja para hacer nuestras cosillas y a nadie se le ocurría ni por lo más remoto pinchar a otro con ella.

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