Dumas maquet


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Leyendo el prólogo de El Vizconde de Bragelonne de Dumas, me encontré con un personaje que lejos de estar enterrado en el Panteón de los ilustres, ha pasado a  la historia como un hombre gris:  Auguste Maquet, el negro mejor pagado de Alejandro Dumas Sobre él gira la historia de Los tres mosqueteros y las dos obras que continúan las aventuras narradas en ese libro, Veinte años después y El vizconde de Bragelonne De hecho, para que veamos lo difundido que se hallaba el rumor acerca del auténtico modo de escribir de Dumas, sirve la anécdota de cuando Dumas padre le preguntó a Alexandre Dumas (hijo),¿Has leído mi nueva novela?, a lo cual él le contestó: Sí

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Varias de sus novelas históricas de aventuras se publicaron en formato de series, como El conde de Montecristo, Los tres mosqueteros, Veinte años después, El vizconde de Bragelonne, El Tulipán Negro, La Reina Margarita y El Caballero de La Casa Roja[2]? Además de ser hijo del general Thomas Alexandre Davy de la Pailleterie, lo era de Marie-Louise Elisabeth Labouret Entra en el ejército como soldado raso y durante la revolución aprovecha las vacantes de oficiales dejadas por los nobles ejecutados o exiliados y consigue en un año convertirse en el primer general mulato de un ejército occidental Por ello, unos meses después decidió volver con algunas cartas de recomendación para los antiguos amigos de su padre, afectos casi todos ellos a los Borbones Cuando ya era rico y famoso, a sus 45 años, escribió sus memorias: su padre ocupa las 200 primeras páginas Sufrió burlas por su raza: Balzac se refería a él como «ese negro»; Verlaine lo comparó con el Tío Tom

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Juntos fueron una máquina de producir: Maquet pergeñaba la idea y reunía documentación; Dumas le daba brío al texto En Nápoles se dio el gusto de contribuir a destronar a un rey al poner su goleta a disposición de Garibaldi Pero Sawa no llegó a cobrar la cantidad pactada con Rubén Darío, a pesar de que constantemente la reclamaba; y tres años más tarde, agonizando en la más pavorosa de las miserias, escribe al autor de Prosas profanas una carta muy agria, recordándole su deslealtad y racanería Pero en realidad aquellas obras no eran escritas por Martínez Sierra, sino por su esposa, María de la O Lejárraga (1874-1974), que siguió haciéndolo incluso cuando su marido la abandonó, al liarse con la primera actriz de su compañía, Catalina Bárcena Solo una vez fallecido el falso autor, Lejárraga confesará en un libro de memorias lo que desde mucho tiempo atrás era un secreto a voces en los mentideros literarios de Madrid Y otras dos se han sumado a las anteriores en los últimos años: la publicada, en 1992, por la editorial Sílex, y la que aquí nos ocupa, de Ariel Dilon y Patricia Minarrieta, incluida, diez años más tarde, en la serie de narradores clásicos de la editorial Pre-Textos Había publicado poco antes, en 1844 y 1845, sus dos novelas más renombradas, Los tres mosqueteros y El conde de Montecristo, y su popularidad se hizo patente en más de una ocasión, facilitándole las cosas, durante su recorrido: «Soy más conocido –escribe–, y tal vez más popular en Madrid que en Francia» Al partir de Madrid, «la ciudad hospitalaria», donde había llegado a «la más franca de las cordialidades» con los artistas españoles, dice dejar allí «doce de los días más felices» de toda su vida A diferencia de otros viajeros, apenas presta atención a los aspectos artísticos y monumentales que va encontrando en su camino, y cuando lo hace, como sucede en Granada, sus consideraciones son más bien escuetas, superficiales, un poco artificiosas, cuando no remite, como en la Alhambra, a las obras de otros autores –entre ellos, Gautier, «que escribe a la vez con la pluma y el pincel»– para hacerse una idea completa de lo que él, según dice, ni siquiera intenta esbozar

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