Auguste maquet


Cargar Mas

Gracias a su puesto de escribiente para el duque de Orléans, que obtuvo por recomendación del general Foy, consiguió completar su formación de manera autodidacta. Es muy común que diversas celebridades contraten escritores fantasmas para escribir la historia de su vida, o para redactar artículos (ya que multiplicar artificialmente la fecundidad retribuida de un escritor famoso es muy lucrativo para la editorial o el propio escritor) o contestar a entrevistas (sin que en realidad hayan sido entrevistados) en las revistas. Con este fin fundó en 1847 el Théâtre Historique, en París, empresa que cuatro años más tarde quebró a causa de las deudas contraídas, a pesar del éxito obtenido.

Mejores precios en la red de auguste maquet

Muchos escritores hoy famosos empezaron trabajando de escritores fantasmas para otros: Paul Auster, José Luis Coll (de un famoso periodista) o Alejandro Sawa (de Rubén Darío). El compositor Wolfgang Amadeus Mozart compuso su Réquiem para que lo firmara otro compositor, un noble rico. En el mundo de la historieta es normal que autores consagrados o las empresas que los contratan recurran a otros dibujantes para que imiten su estilo y hagan parte o la totalidad de las historietas para luego publicar las páginas con su nombre. Varias de sus novelas históricas de aventuras se publicaron en formato de series, como El conde de Montecristo, Los tres mosqueteros, Veinte años después, El vizconde de Bragelonne, El tulipán negro, La Reina Margarita y El Caballero de La Casa Roja. Décadas después, con el ascenso de Luis Napoleón Bonaparte en 1851, Dumas cayó en desgracia y se marchó a Bélgica, donde vivió varios años. Entra en el ejército como soldado raso y durante la revolución aprovecha las vacantes de oficiales dejadas por los nobles ejecutados o exiliados y consigue en un año convertirse en el primer general mulato de un ejército occidental.

Lo mejor de auguste maquet

Se dice que fue el introductor del Romanticismo en el teatro francés, mostrando personajes orgullosos de sus propias. Pero explicó que «tal vez con todo el entrenamiento y el léxico preciso que hemos aportado sobre ese ambiente del Siglo de Oro, creo que la máquina se pasa». Pero con el tiempo, Maquet, que no había abandonado su sueño de ser un autor célebre, se cansó de vivir a la sombra del gran Dumas y quiso ocupar su lugar en la historia. La disputa  llegó a tal punto que Maquet  abandonó el taller y publicó un artículo, Alejandro Dumas y cía: Fábrica de novelas, en el que denunciaba a su antiguo jefe por limitarse a firmar el trabajo de otros. Después, Dumas quitaba, añadía (sobre todo esto último, ya que les pagaban por línea), tanto a nivel de personajes como de detalles, y colocaba, sobre todo, su toque mágico, ese que hacía que sus obras se vendieran como rosquillas en toda Francia a fuerza de narrar pasiones desgarradas y enrevesadas y trepidantes tramas. Maquet se basaría en estas revelaciones para, en un juicio, solicitar lo que creía el dinero que se le debía por su trabajo. Varios años antes, Dumas, al ser interpelado sobre la supuesta autoría de sus obras por parte de negros literarios, había reconocido orgulloso la colaboración con varios autores, e hizo pública la lista de novelas hechas en colaboración con Maquet. A partir de su separación, Maquet probó fortuna de manera individual en el teatro (sin éxito), y la calidad de las obras de Dumas empezó a mermar.

Deja un comentario